Señoras y Señores, unos días después, me chirrían los oídos, han llegado las rebajas

El tiempo es lo más valioso que tenemos. Aprender a gestionarlo, con prioridades, familia, trabajo, altruismo, entre otras, y darnos cuenta que todos formamos parte de ese embrión, que además no se modifica, es su gran secreto con un valor incalculable.

Después de mi experiencia como fotógrafo, he decidido darme un pequeño descanso.
¡Qué osadía la mía! Suena el teléfono. No lo cojo. Me dejan un mensaje. Mañana comienzan las rebajas. Pongo la televisión, conecto la radio, leo el periódico y la misma noticia. Da la impresión que el mundo gira solo en una dirección: compre, consuma lo mejor al precio más barato. Ante esta situación he pensado en unos tapones para los oídos y unas gafas muy especiales para ver sólo lo que yo deseo. Estos productos no están a la venta, los tiene cada uno, pero hay que saber utilizarlos.
Me desplazo tranquilamente por una calle de cualquier ciudad. Aunque ustedes no lo crean, con tantas experiencias a lo largo de mi vida, he conseguido tener la facultad de visualizar los diferentes lugares que me proponga.
Me pongo a ello. Veo aglomeración de gente ante las puertas de algunos edificios del grupo Subir Bajar, S.A.. Otros en la cadena de establecimientos Quiñón o los establecimientos Raimiento. No sé muy bien si es el comienzo de una fiesta popular o una desbandada en la que va a empezar a correr cada uno por donde le parezca.
De pronto se abren puertas, y empiezan a oírse gritos: primero estaba yo, no eran esos otros. Al no lograr ponerse de acuerdo, cada uno entra como puede, sembrándose un auténtico desconcierto.
La gente se mueve entre empujones, caras alargadas, y gesticulaciones que delataban  un estado de ansiedad y estrés agotador. Dentro del establecimiento van descolgando perchas de ropa, otros miran nuevas tecnologías, muebles, viajes, y  más y más rebajas con productos de consumo necesario e innecesario. Con tanta variedad de productos, se acaba comprando de todo, y en muchos casos irán al rincón de productos no utilizados.
Luego, en casa, al mirarse en  el espejo y  probarse la ropa, surgen las diferentes opiniones: no te queda bien, esa talla es pequeña, ese mueble no guarda una estética con los demás, no sé si encontraremos un sitio adecuado para él. Y así, en esta especulación, se debate sobre la diversidad de producto que se han comprados. No queda más remedio que  terminar devolviendo algunos de ellos. Con un tiempo precioso que perdemos volviendo al barullo del edificio. Una vez de nuevo dentro de éste comprobamos que hay nuevos productos. Dan la impresión de ser sobrantes de años anteriores o copiados de modelos antiguos.  La gente se encuentra confundida.
Otros pensaban: será que los tenían almacenados en  contenedores y fabricados en uno o varios países, especialmente los pertenecientes a un continente llamado Beato Este nombre se le dio por la cantidad de horas que dedicaban los trabajadores a la fabricación de todo tipo de productos. El objetivo era purificarse con un pensamiento único: trabajar. Seguramente el modelo no era éste, ni tampoco el de trabajar sólo para consumir. Además en este continente se daba una forma curiosa de cobrar el salario: lo  hacía portando un artilugio llamado limosnero, era una manera de que no se relajasen.  
Una vez en sus casas el grupo Deverbal, personas que de forma organizada, año tras año, se ponían de acuerdo para acaparar el máximo de productos, empezaron a sacar conclusiones. Lo que parecía haber sido una buena compra resultó ser una inversión nefasta. Habían invertido un dinero en artículos que algunos no necesitaban, y otros que  eran necesarios no los habían comprado, dejándolos para otro momento, con los inconvenientes que de ello podían derivarse.
Uno de los productos en oferta eran viajes. El sueño de todo un año. Cambiar de   ambiente y explorar otros lugares. Un bonito planteamiento y una gran ilusión. Aquí empieza una nueva situación estresante. El consumo ha podido con ellos.
 Un año de trabajo incesante. Hacer maletas, estaciones, aeropuertos, carreteras. Ese tiempo precioso se empieza a consumir sin haber conseguido relajarse del esfuerzo realizado a lo largo del año.
La llegada, ese lugar idílico y maravilloso que les vendieron con la oferta, empieza en la recepción. Luego deshacer las maletas y, con un sudor agobiante, ir corriendo para llegar a la hora  del almuerzo.
Después, de nuevo en la habitación, empiezan los desacuerdos. Qué hacemos por la tarde: yo estoy un poco cansado; los otros contestan: si no hacemos nada se pasará la tarde. Nervios y más nervios y se pasa el primer día. El resto de los días corriendo de un lugar a otro, con una sensación de  no poder llegar a ver lo planificado durante todo un año.

Al iniciar la vuelta surgen los comentarios: qué ganas tenemos de llegar a casa, estamos un poco cansados, comeremos lo que nos apetezca… y un sinfín de comentarios de lo más variopinto.
Lo peor vendrá después, al mirar la cuenta bancaría y ver con los extras lo que se han gastado. Empiezan de nuevo unos meses de estrecheces y de nuevo al trabajo. Al salir a la calle nuevos carteles anunciando paraísos de remanso y paz. Con estos anuncios surge el comentario: espero encontrar una fórmula de tranquilidad que no nos lleve nuevamente a la cantidad de errores que hemos cometido.     
Al final un grupo de consumidores desengañados deciden reunirse en el local del Zarrias, un personaje del que algunos se mofaban por todo lo que desde hace años venía lanzando a los cuatro vientos, y cuyo apodo le habían puesto por comprar siempre lo justo. Con su colaboración deciden hacer un pregón donde anunciar a la gente una serie de experiencias.
Para no confundir, diremos que nosotros no vendemos, informamos. El precio es cumplir como ciudadanos compartiendo lo que creemos que es una experiencia positiva.

PREGON: Julio  2015:

Todas las empresas de fabricación o de ventas deberán suministrar o vender sus artículos a un precio justo.
Los precios serán los correctos todo el año y así evitar las rebajas. Los consumidores podrán disfrutar todo el año de los productos que  necesiten a su precio justo.
Desaparición de todo tipo de intermediarios entre fabricantes y establecimientos de ventas.
Fomentar la creación de cooperativas, sobre todo si no se eliminan los intermediarios.
Agudizar el ingenio y fabricar todo lo que sea posible en nuestro país. Además de no depender de lo que nos vendan otros países, podremos crear puestos de trabajo y, con la diferencia de lo que dejemos de pagar a los parados, compensaremos algunos costes y utilizaremos el resto del dinero para investigar nuevas tecnologías entre otras iniciativas, avanzando hacia una sociedad más justa. 
Y, en recuerdo de este día, al Zarrias dejarán de llamarlo así, y de ahora en adelante se llamara RINU, nombre con un gran significado para quien quiera entenderlo.
Somos conscientes que unos pocos quieren que esto no llegue nunca.
También decir que este pregón no es más que el principio.

La vida no es consumir, ni trabajar para ello. Ser feliz, y hacer que los demás lo sean, es la mejor inversión del tiempo que nos toque vivir.

Jesús Aznar (1-7-2015)

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