Mucho se ha hablado de la pérdida de valores en la sociedad actual, se ha discutido entre si se están perdiendo, si están siendo reemplazados por otros nuevos o si su significado se va adaptando a los cambios en nuestra forma de vida.

En esta plancha me gustaría aportar otro punto de vista más que puede complementar a todos los anteriores. Últimamente he llegado a la conclusión de que realmente los valores no han cambiado en absoluto, siguen significando lo mismo, siguen siendo imprescindibles y, por tanto, exigibles. Lo único que ha ocurrido es que, en muchos casos, las personas los ven como un derecho y no como una obligación, como algo recíproco. Esto puede resumirse en una única palabra: “YO”.

La honradez es fundamental en esta vida y, por eso, todos nos escandalizamos cuando oímos en las noticias como algunos políticos se llenan los bolsillos con el dinero del contribuyente. Pero YO puedo hacer trabajos sin factura y olvidar pagar una parte de los impuestos que me corresponden.

También la igualdad es necesaria en una sociedad moderna. Pero, curiosamente, he conocido mujeres feministas y al mismo tiempo racistas, monárquicas y en contra de los derechos de los homosexuales. ¿Cómo es esto posible? No puedo entender que alguien que lucha por la igualdad acepte la existencia de una institución a la que jamás tendrá acceso por ser hija de quien es. Tampoco entiendo su oposición a que se reconozcan determinados derechos a personas los merecen. De nuevo, si YO no lo necesito, es innecesario.

Todo el mundo exige respeto, al menos para sí mismo. Soy una mujer, no quiero que hagas chistes machistas. Soy una persona de otra raza, no quiero que hagas chistes racistas. Tengo una discapacidad, no me gustan los chistes sobre lisiados. Eso sí, YO puedo ir a un campo de fútbol a insultar al árbitro, a la afición de una ciudad vecina o a la condición sexual de una persona que está haciendo su trabajo mientras yo disfruto de mi tiempo libre.

El derecho a la intimidad debe ser intocable, a nadie le gusta que publiquen sus intimidades. Pero YO no tengo reparos en subir a las redes sociales vídeos de mis amigos borrachos, de parejas “amándose” en algún parque o de los servicios de emergencia luchando por salvar la vida a un accidentado.

Hace no mucho discutía con mis padres porque, según ellos, los jóvenes hemos perdido el respeto y tuteamos a la gente sin conocerla. En lo que a mí respecta, hay gente a la que, sin conocerla, la tuteo, y otra a la que inicialmente trato de usted. Desgraciadamente no tengo un criterio claro y elijo una u otra opción de forma espontánea. Eso sí, mi trato es siempre correcto y respetuoso, y no tengo problema en utilizar la otra fórmula, sea cual sea, si así me lo piden. Lo que me enfurece es que alguien me exija que le trate de usted mientras me tutea. YO soy importante así que TÚ trátame de usted.

De nuevo, YO, YO, y YO. Los valores están presentes, la gente exige actuaciones impecables, pero olvidan que lo imprescindible es que se lleven a cabo de forma recíproca. No puedes exigir a los demás aquello que tú no estás dispuesto a ofrecer.

En este punto me gustaría nombrar un par de ejemplos que me parecen muy llamativos:

Hace unos meses un torero turolense falleció por una cornada y algún energúmeno no dudó ni un minuto en escribir mensajes a su viuda diciendo que se alegraba de que aquel hombre por fin hubiera recibido su merecido. Yo soy un antitaurino convencido, pero por mucho que me disguste la tauromaquia es legal en España y, mientras eso no cambie, los toreros serán personas que se ganan la vida con aquello que les gusta y para lo que se sienten bien preparados, de forma honrada y cumpliendo las normas. Nunca podré alegrarme de que uno de ellos pierda la vida mientras cumple con su trabajo.

El otro ejemplo es el de una conocida política valenciana que recientemente sufrió un infarto y falleció poco después. A las pocas horas de su muerte aparecieron en las redes sociales mofas e insultos de lo más elaborados y comentarios de gente celebrándolo. Indudablemente aquella señora cometió errores en su vida, como todos, pero estoy seguro de que también se esforzó por hacer lo que consideraba que era correcto, y que sufrió cuando hizo cosas que en el fondo de su ser sabía que no lo eran. Como cualquier otra persona que no atente contra los Derechos Humanos, esta señora, con sus aciertos y sus errores, merece mi respeto, y lo mismo he de decir de su familia. No creo que sea justo para nadie tener que soportar las barbaridades que se pudieron leer durante aquellos días.

Es fácil exigir respeto, pero igual de fácil es negarlo a los demás.

Yo soy de la opinión de que el juego es relativamente sencillo: Encárgate de dar y los demás se encargarán de que recibas. En mi día a día procuro seguir dos pautas. He de decir que, hasta la fecha, todo mi entorno ha querido unirse a este juego y los resultados han sido generalmente sorprendentes. Por eso quería compartirlas con vosotros pues, aunque posiblemente las conozcáis, nunca está de más reunirlas en una lista de buenas costumbres:

- Egoístamente, lo mejor es ser altruista y, ¿por qué?

o Un egoísta actuando de forma egoísta se aprovecha de la gente una sola vez.

o Un egoísta actuando altruistamente se aprovecha de los demás siempre que quiere.

o Por tanto, muchos egoístas actuando altruistamente pueden formar un pueblo próspero y feliz.

- Por naturaleza, las personas tienden a dar el doble de lo que reciben, o lo que es lo mismo:

o Propina una bofetada y te devolverán dos.

o Regala una sonrisa amable y recibirás muchas más, seguramente cuando más las necesites.

Con muy poco, el YO se convierte en un NOSOTROS, y es entonces cuando cr eo que los valores desempeñan su verdadera función, la de crear un mundo más humano, cálido y feliz.

 

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