Estamos inundados de información sobre intereses, primas de riesgo, acciones, fondos de inversión, rankings de confianza, prestamos, hipotecas, macro y microeconomía, fusiones, ventas, confianza, mercados, etc…

 

Y yo me pregunto, ¿qué hay detrás de todo esto? ¿Qué hay detrás de un banco? ¿Qué hay detrás de una gran corporación? ¿Qué hay detrás de un estudio de confianza bancario? ¿Qué hay detrás de un departamento de riesgos de un banco? ¿Qué hay detrás del banco mundial? ¿Qué hay detrás de los mercados? ¿Qué hay detrás de la bolsa?... la respuesta es: PERSONAS.

 

En todos los organismos, estamentos y herramienta del sistema que he mencionado, nos encontramos personas trabajando para personas y por las personas.

 

Parece tan obvio, que creo que en muchas ocasiones lo olvidamos.

 

Tendemos a deshumanizar las cosas que nos dan miedo o no entendemos, porque creemos que de esta manera no dependen de nosotros, consiguiendo por lo tanto que la responsabilidad de desvanezca y cada noche podamos conciliar el sueño.

 

Cómo en todos los ámbitos de la vida, el grado de responsabilidad que se quiera asumir, y por responsabilidad no me refiero a culpa si no a determinación, es crucial para poder cambiar el orden establecido.

Dar por supuesto que el más grande se come al pequeño no nos hace más que, querer ser cada día más grandes para que de ese modo no se nos coman a nosotros.

Y yo me pregunto, ¿lo acertado es querer ser más grande? ¿o quizás lo apropiado sea tratar de hacer crecer al pequeño?

 

Muchos son los caminos que se pueden escoger, pero no todos son correctos. Podría pensarse que vivimos en unos tiempos en los que pese a ser más longevos y tener más tiempo que nunca para encontrar la felicidad, queramos alcanzarla de manera inmediata.

 

El Cómo alcanzar esa felicidad es, lo que diferencia a un individuo de otro.

 

Lamentablemente en los últimos tiempos estamos acostumbrados a escuchar como muchos individuos han escogido caminos equivocados, creyendo que eso les proporcionaría el tan anhelado estado de bienestar (comisiones de altos porcentajes en contrataciones públicas, evasión de impuestos, grandes cantidades de dinero en paraísos fiscales, venta de productos financieros complejos a personas analfabetas,…) pero lo único que les ha acarreado es podredumbre moral, descrédito y humillación.

 

Y lo mismo que la macroeconomía tiene repercusión en la microeconomía influyendo en la buena o mala marcha de la economía doméstica, la falta de ética y la falta de valores, también se contagia en organizaciones que no se encuentran en el Euro Stoxx50 o el IBEX 35.

 

De igual manera que un niño imita a su ídolo cuando celebra un gol, el mediocre imita al corrupto de turno, tratando de sacar provecho de su posición, reclamando pagos para sí mismo o sus allegados (que si me das una parte si sale el proyecto, que para trabajar aquí tendrás que caerme bien a mí “ya me entiendes”, que si mi mujer necesita un coche nuevo, etc…). Vergüenza ajena. Falta de principios. Vacío moral. Hipocresía. Inseguridad. Becerros de oro contemporáneos.

 

Echando la vista al año 347 a. C. vemos como el padre de la ética, Aristóteles señalaba a la virtud, “[…] como medio por excelencia para alcanzar la felicidad”. Sólo a través del ejercicio y el hábito se adquiere la virtud”, por lo que, para Aristóteles, “para que un hombre se haga justo es menester que practique la justicia”.

Dos mil cuatrocientos años después del nacimiento del gran filósofo, sus palabras siguen estremeciéndome por su contundencia.

 

Justicia, integridad, humanidad, ética, igualdad,…. Convivimos con la creencia de que estos términos son incompatibles con el sistema capitalista en el que nuestras Empresas desarrollan su actividad, pero nada más lejos de la realidad.

Cada vez somos más las personas que pensamos que a través del impacto que tienen las organizaciones en la sociedad, se puede hacer mucho para mejorar la vida de las personas que trabajan en ellas y la de las que interactúan desde el exterior.

 

Recientemente, leí en una revista especializada en economía, una frase que me llamó la atención. El profesor de la Universidad de Barcelona, Borja Vilaseca, afirmaba que “[…] a la Empresa le falta Humanidad”.

 

No puedo estar más de acuerdo con su reflexión.

 

La virtud a la que apelaba Aristóteles, tiene cabida perfectamente en un sistema liberal, en el que las personas dirijan los sistemas que han creado y no sean los sistemas los que engullan a quienes los han ideado con el ánimo de mejorar.

 

Evolucionemos, innovemos, desarrollemos nuevas tecnologías y sistemas de trabajo, que integren a las personas con el medio que les rodea y sirvan para mejorar las condiciones de vida, pero no a cualquier precio.

 

Busquemos la virtud como camino hacia la felicidad, a través del conocimiento como dijo Sócrates, o a través del hábito de practicar la justicia como promulgaba Aristóteles.

 

Tratemos a nuestros semejantes como nos gustaría que nos trataran a nosotros, dentro y fuera de las Organizaciones. Seamos coherentes. No es posible ser franciscano y acaudalado al mismo tiempo, por lo que tratemos de aplicar los mismos principios en las Empresas que en nuestra vida privada.

 

No tengamos miedo de aplicar los valores que hacen al individuo justo y honorable, aquellos que encontramos en infinidad de textos (religiosos, profanos, políticos, sociales, filosóficos) y que podríamos concentrar en la Declaración Universal de los derechos humanos, vigente desde hace ya más de siete décadas.

 

Purguemos las conductas amorales y maquiavélicas de cualquier ámbito de nuestras vidas. Las empresas funcionan mejor sin ellas y el mundo mejora.

Está comprobado.

No hace mucho, escuché en boca de un buen amigo Teólogo y Filósofo, las siguientes palabras; “no es malo tener dinero, no es malo ganar dinero, lo importante es que por encima de ese dinero siempre pongamos a las personas”.

Incorporemos esta mentalidad al mundo de la empresa. Aprovechemos las nuevas generaciones y démosles la oportunidad de aportar e implementar nuevas formas de hacer las cosas.

 

Cambiemos de paradigmas para seguir mejorando.

 

En muchas ocasiones para construir hay que deconstruir, no tengamos miedo, las empresas y los sistemas económicos están para proporcionar el sustento y recursos necesarios para la supervivencia humana, recordémoslo.

 

Empecemos.-

 

Raúl R.

 

 

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