Nada se borra nunca. Una vez escrito queda almacenado, clasificado y analizado. Ni siquiera tiene que haber sido enviado a ningún destinatario, sólo con haber sido tecleadas en el cajón del muro de Facebook las palabras quedarán congeladas en algún lugar ignoto para su posterior uso. Nada se borra nunca. Una vez habladas las frases serán analizadas, clasificadas y almacenadas. Ni siquiera tienen por qué haber sido pronunciadas en ninguna conversación, cualquier dispositivo móvil, cualquier Alexa, Siri, o Cortana pueden codificarlas y mandarlas, para siempre, a algún lugar desconocido para su posterior uso. La idea de la existencia de una tecnología que pueda llegar a leernos los pensamientos nos resulta aterradora pero, ¿quién necesita algo así cuando es capaz de escucharnos o leernos cada segundo de nuestra vida?

Durante años creímos vivir seguros, protegidos, en el anonimato de la multitud pero, tal vez, subestimamos el futuro inmediato y sus capacidades. Nunca se nos ocurrió pensar, más allá de una idea algo conspiranoica, en la existencia real de un Gran Hermano. Apenas ayer nos estábamos acostumbrando a los dispositivos móviles y nos asomábamos a las noches de la red de redes, dejando el hogar sin aquel teléfono fijo, cuando una mañana, esta mañana, nos hemos despertado con la alarma del móvil y hemos repasando todas nuestras redes sociales antes de empezar a desayunar. Mientras unos ojos que no parpadean y unos oídos que no hablan nos seguirán ya atentos durante todo el día. ¿Quién podía sospechar que el precio inexcusable de nuestra vida conectada sería la intimidad?

Siempre nos movió un anhelo profundo por ser, por ser ante los demás, por tener la libertad de ser valorados sin más tapujos que nuestras propias palabras armadas con el sentimiento verdadero que nace del instante compartido al momento con quienes, pensamos, conocen nuestro nombre y nos conocen a nosotros. O con quienes, en el súbito enamoriscamiento de las opiniones compartidas, confundimos con nuestra comunidad. El ser humano desea siempre desnudarse ante el otro para decirle, mírame, yo soy cómo tú, compréndeme y acéptame. ¿En qué momento dimos nuestro consentimiento para ser juzgados sin contexto, sin piedad y sin justicia?

Yo no tengo nada que ocultar. ¿Yo no tengo nada que ocultar? Nada de lo que haya escrito o dicho alguna vez puede merecer una crítica de nadie. ¿Nada de lo que haya escrito o dicho alguna vez puede merecer una crítica de nadie? Vivo en una sociedad en donde mis derechos civiles están garantizados. ¿Viviré en una sociedad en donde mis derechos civiles estarán garantizados? Todas mis opiniones son perfectamente aceptadas socialmente. ¿Todas mis opiniones serán perfectamente aceptadas socialmente? Soy una buena persona y un buen ciudadano. ¿Seré una buena persona y un buen ciudadano?

¿Quién ha garantizado que la democracia será para siempre?

 

Jesús Oliván

 

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