Si preguntamos a la mayoría de padres o madres que qué desearían para sus hijos e hijas, la respuesta probable más común será independiente de la zona geográfica, etnia, sexo, cultura, inclinaciones políticas, creencias religiosas, etc: que sus hijos e hijas tengan una buena formación que les permita desarrollarse personal y socialmente en el lugar donde viven, que tengan un trabajo para tener una vida digna, que sean felices como personas y que puedan vivir en paz desarrollando sus proyectos de vida.

Si preguntamos a los miembros de la ciudadanía cómo les gustaría que fuera la sociedad, obtendremos también una respuesta común:  el bienestar de sus familiares, amigos, de los demás ciudadanos y de sí mismos.

Estos deseos son una constante universal.

La sociedad del bienestar se materializa cuando quedan garantizados una serie de derechos que permiten que los ciudadanos se puedan desarrollar en un contexto de igualdad, garantizando las mismas oportunidades y que de esta forma, puedan ejercer su libertad individual.

La sociedad tiene que avanzar en esta línea para que estos deseos se puedan hacer realidad.  

Existen muchas circunstancias que frenan el avance hacia una sociedad más justa.

Cuando el objetivo es la riqueza y el poder sin el sustento de un conjunto de valores como son el respeto, la bondad, la solidaridad, el equilibrio, etc.  será difícil que una sociedad integre a todos los ciudadanos, creándose una división social, en la que unos pocos la dirigirán aprovechándose de ella y otros muchos saldrán perjudicados. Llegar a este punto es fácil de conseguir si se crean las condiciones para la anulación del espíritu crítico de las personas y se fomenta su formación escasa y su espíritu de conformismo.

En una sociedad en la que subyacen estos problemas, la forma más eficaz de superarlos es a través de la Educación, garantizando que desde la infancia y la adolescencia se adquiera una educación en valores junto con los conocimientos curriculares asociados.  Para ello es necesario que las nuevas generaciones tengan una formación adecuada en el respeto a los demás y a lo que les rodea, con todos los valores necesarios para que ello así sea, además de los conocimientos académicos.  Recordando al visionario Joaquín Costa en su libro “Reconstitución y europeización de España”, en el que concreta que para crear una sociedad sana es necesaria “la escuela y la despensa”.  Este es un bonito lema que debemos de perseguir, en contraposición con el de “pan y circo” romano que tristemente tanto se da en nuestra sociedad.

Desde los profesionales de la educación se ha de mostrar al alumnado que la sociedad avanzará si nos ayudamos unos a otros con el respeto que todos nos merecemos, mediante la aplicación de los principios de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” y junto al cumplimiento de la legislación vigente.

Las sociedades son gestionadas por los gobiernos, y en función de las diferentes ideologías, se elaboran los presupuestos que potencian más unas partidas presupuestarias que otras, de tal manera que si el presupuesto en Educación pasa a un segundo plano, la enseñanza cae en calidad, y por tanto, desciende la formación tanto a nivel de persona como de conocimientos académicos, siendo la semilla de una sociedad en declive: la infancia y la juventud son una parte muy valiosa de la sociedad,  por ser los adultos de futuro.

Es bastante complicado que una persona adulta pueda replantearse sus principios y creencias porque al estar tan arraigados, a menos que tenga un compromiso firme para su mejora como persona, será poco probable que lo haga.

Hemos sido testigos en los últimos años, durante la reciente crisis económica, de que se han recortado los presupuestos, siendo el presupuesto en Educación uno de los más perjudicados, sin olvidar que las personas más desfavorecidas son las que más han sufrido la crisis.

La Educación ha de tratarse con el presupuesto que se merece, asegurando que todas las personas van a recibir la misma Educación, independientemente de que vivan en un pueblo de pocos habitantes o en una gran ciudad, de que vivan en un barrio desfavorecido, de que tengan problemas sociales, discapacidades, enfermedades, diferencias étnicas o cualquier otra circunstancia, asegurando los mismos medios para todas.   Y eso sí, asegurándose de que la infancia y juventud no pasa hambre.

Con una buena Educación se podrá llegar a conseguir una sociedad más justa, igualitaria y fraterna.

En los gobiernos democráticos, la Educación se sustenta en la legislación.   Como primera premisa debería existir una ley en Educación que fuera aceptada de consenso por la mayoría de los partidos políticos y colectivos relacionados con la Educación, y una vez definida, se debería de proteger.

La Educación para una sociedad con futuro, debe asegurar el sentido crítico del alumnado, el respeto por todo y la preocupación por las desigualdades y su superación, para conseguir una sociedad justa, libre y solidaria, adquiriendo una formación sólida y de calidad, permitiendo que cada individuo pueda dar lo mejor de sí mismo con arreglo a sus capacidades y poniendo de manifiesto la lacra que supone la ignorancia y el fanatismo.

La Educación ha evolucionado bastante en los últimos años, y debe seguir haciéndolo, sustituyendo los modelos caducos por nuevos modelos y considerando las particularidades individuales del alumnado.

Para finalizar, debemos tener presente que el aprendizaje no sólo se da durante el tiempo que las personas acuden a los centros educativos de enseñanza, sino durante toda la vida del individuo, tal como nos recuerda la directiva europea para el aprendizaje permanente (DOUE 18/12/2006).

Debemos día a día mejorarnos como personas, siendo un ejemplo de nuestros actos para los demás, mostrando ecuanimidad en nuestras decisiones y no olvidando que rectificar los errores es de sabios.

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