Mi fuerza es mi conciencia y tú, que careces de ella, no eres nada. Eres tan débil que no das la cara. Te has hecho virtual ocultándote en la oscuridad, pero no te has dado cuenta de que no eres nada más que chatarra.

Erguido para no vivir de rodillas

Valores que crujen bajo el caminar de los pies,

que el polvo y el barro envuelven para no sentirlos.

Aún así lanzo mi voz, para decir “cogedlos”.

Millones de gargantas roncas que se agitan por un tiempo que nunca termina.

Por ello, mis pulsaciones se aceleran más allá del hueco de mi pecho

y, con los brazos caídos ante la impotencia de un peso abrumador

que nos envuelve en un mundo virtual, hay consignas que invaden nuestro cerebro.

Son el peso sobre nuestros hombros de las manos que se ocultan en la oscuridad.

Así, golpe tras golpe, con la frente pegada a la chatarra plastificada.

Sólo se oye el crujir del ronquido escénico de la vulgaridad embrutecida.

Hay que dejar de ser  instrumentos al servicio de esa orquesta distorsionada.

Resurjamos con nuestras diferencias y hagamos que impere la grandeza.

Y así, de nuevo, quedará el valor de la palabra, el encuentro con un abrazo desinteresado.

La mirada en los ojos de quien quiere decirte algo.

La joya que encanta a quienes caminan dejando huella a su paso.

Con el respeto mutuo, nuestra comunicación será el vínculo que fluirá con armonía.  

La naturaleza y nuestra conciencia serán el péndulo de nuestros movimientos.

Hay que volver a la vida, sentir el aire, el frío, el calor, estar vivo.

Ver el horizonte con el brillo del sol y la luna mirándonos en la noche oscura.

Con la fuerza del amor, la sonrisa y con nuestra cara relajada nos emanciparemos.

El deber, la cortesía, la prudencia y la sinceridad serán nuestra morada.

Nuestra rodilla no estará clavada en el suelo y avanzaremos erguidos libres de peso.

Y, por fin, la Humanidad lanzará un “puedo, tú no eres nada, soy y seremos libres”.

Sentado y con los codos sobre la mesa, me siento abrumado sobre lo que he escrito. Pero con el convencimiento de que el hombre, con la fuerza de la razón y la paciencia en la espera, es capaz de hacer débil a aquellos que quieren pasar por encima de los demás, sin ser reconocidos.

Jesús Aznar (1-2-2018)


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