Si nos venciésemos a nosotros mismos no habría ni enemistad ni fronteras.

 

Las fronteras, una imposición interesada

 

Cómo estás, querido amigo. Disculpa, querido hermano.

Por qué te diriges a mí así. Es que me siento mejor, más cercano.

Como tú sabes todos procedemos de un mismo tronco común.

Igual que nuestro planeta tierra no tenía fronteras, era sólo uno.

Estoy preocupado por tanta división en pequeños núcleos insolidarios.

Por eso te comento dónde queda el encuentro entre el tú y el yo,

a pesar de todos los adelantos y medios de comunicación.

No sé si te estás dando cuenta de que nos estamos volviendo seres solitarios,

Empequeñecidos, nos miramos en el espejo y sólo vemos una imagen,

un rostro perplejo, estirado por la presión oculta detrás del marco del espejo.

Un día no lejano nos desplazaremos a otra ciudad por un tema social,

y un secretario de la zona nos dice: éste pueblo no está lejos de la frontera.

Nos quedamos extasiados ante lo que estábamos oyendo.

No nos habíamos salido de esa figura que parece una piel de toro.

Nos despedimos con respeto y comentamos dónde quedan quinientos años de historia.

Si el mundo es tan grande, qué intereses mueven para hacerlo pequeño.

O es que planean sus diseños a la medida de intereses de control de las mayorías.

Tienen miedo y saben que nuestras reflexiones descubrirán lo que ocultan sus entrañas.

Espero que llegue el día en el que el mundo sea lo que fue, sólo uno.

 

Comprender lo primordial es situarse en la realidad de la historia que no está escrita,

sino dentro de nuestro corazón.

 

Jesús Aznar (30-9- 2017)

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