Este artículo se redacta el 3 de octubre, en plena efervescencia política y social por los acontecimientos ocurridos en Cataluña el 1 de octubre.

En el día de hoy más que la renombrada metáfora de choque de trenes, refiriéndose al Gobierno Catalán y al español, yo más bien emplearía dos trenes por vías diametralmente opuestas y que se alejan cada vez el uno del otro. Las conclusiones esgrimidas por el Gobierno Español y el Gobierno Catalán muestran, identifican y relatan dos realidades absolutamente distintas.

Desde Madrid, negando la mayor, NO HA HABIDO REFERÉNDUm, y desde la Generalitat EL PUEBLO HA HABLADO FUERTE Y CLARO, LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA CATALANA ESTÁ LEGITIMADA. A partir de ahí el discurso transcurre desde Moncloa por el respeto a la Constitución y el mantenimiento de la legalidad cueste lo que cueste, y por la parte de la Generalitat  que el rumbo hacia la proclamación de la República es cuestión de tiempo, de muy poco tiempo…

Y mientras tanto, siguen las polémicas sobre la intervención policial, la permanencia de la policía nacional en Cataluña, se plasman las diferentes opciones ideológicas de los partidos de ámbito nacional. El ruido está alejándonos de lo sustancial del proceso que está sucediendo en un tiempo vertiginoso.

En mi opinión hay una cuestión esencial que marca todo el fenómeno que se está desarrollando, y que se va a producir en un futuro. Aproximadamente la mitad de la población catalana busca una organización política diferente a la actual, no se encuentra conforme con el statu quo actual de Cataluña. Pero otra mitad se siente perfectamente integrada y en armonía dentro de España. Es una realidad insoslayable para ambas partes. No se puede obviar. La otra parte de la ciudadanía no va a desaparecer, está ambas legitimadas, ambas son CATALUÑA.

Si se obvia esta tozuda realidad, ocurre, en mi opinión, lo que está ocurriendo. Un cataclismo político, social y territorial. Dos realidades que solo pueden sobrevivir mediante la aniquilación del adversario. Para mí, personalmente, el 1 de octubre fue uno de los días más tristes que yo he vivido como ciudadano de España. Ver las imágenes que se vio, para mí, fue como sentir que algo se había roto… algo imposible de arreglar de nuevo.

Cualquier decisión que se adopte sin tener en cuenta a la otra parte de ciudadanos en Cataluña, está abocada al fracaso, y esto va para las dos voluntades implicadas. La proclamación de la República Catalana (en el día de hoy una posibilidad plausible) solo puede conllevar una reacción  por parte del Estado implacable para restaurar la legítima legalidad, pero la reacción de la ciudadanía a buen seguro va crear situaciones de extremada violencia…frustración y rabia inefable.

Repito, en mi opinión, solo cabe interiorizar por ambas partes valores que miren ustedes, propugna la masonería como principios universales. Libertad, igualdad, fraternidad.

Deben producirse negociaciones, dialogo,  pero solo desde la más absoluta libertad, sin condiciones previas, sin líneas rojas; reconociendo la legitimidad de ambas posturas, la gran masa social que representan ambas formas de entender, y sentir Cataluña; y por supuesto la Fraternidad. Somos hermanos, los catalanes con el resto de España (por ejemplo siempre se ha dicho que la ciudad más grande de Aragón fuera de Zaragoza, por el elevado número de aragoneses residentes allí,  es Barcelona…) y por supuesto lazos de hermandad entre los propios catalanes.

 

Por favor, responsables políticos, su papel es buscar la paz social, el bienestar de sus comunidades, están haciendo justo lo contrario. Y que ambas partes creen las condiciones políticas, sociales y económicas adecuadas, y que recuerden  PUEDES OBLIGAR A ALGUIEN A VIVIR CONTIGO,  PERO NO A QUE TE AME…

J.N.A.

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