Comienzo esta disertación partiendo de la base que los juicios emitidos aquí son fruto de la reflexión y experiencia personal, con todo lo que de acertado o impreciso puede tener lugar desde la inteligencia y consciencia de un solo individuo.

Por ello,  en mi consideración, estamos asistiendo en la sociedad occidental actual a un predominio cada vez más notorio de lo que podríamos llamar valores de utilidad. Todo debe ser útil, si no es así, no merece la pena aprenderlo, conocerlo, vivenciarlo…

Esta utilidad debe estar destinada a la satisfacción propia del individuo, a su empresa, a su país. Una utilidad alejada de conceptos sutiles. Debe ser una utilidad “contante y sonante”.

Posiblemente la mentalidad mercantil, de compra venta, de usar y tirar, ha copado y extendido su influencia hasta llegar al resto de la sociedad. Ha salido de los negocios, de las empresas, para llegar a los gobiernos, a las instituciones académicas, a las naciones, y descendiendo a diferentes niveles hasta llegar a familias y a la propia forma de pensar y sentir, al núcleo del individuo.

Baste como ejemplos de mi conclusión anterior escuchar una  y otra vez a prominentes miembros del gobierno en nuestro país, “tenemos que saber vender la marca España”,  esto es, aquello no lo es, beneficioso para la marca España.  Lo siento, pero padezco una quemazón interior cuando escucho esta frase. Una nación, un país, un pueblo nunca pueden ser una marca. ¿Cómo una elite gobernante puede haber interiorizado este concepto? Pues porque es lo que demanda buena parte de la sociedad, la mejor forma de convencer y articular una justificación de determinadas políticas.

Otro ejemplo lo podemos encontrar en lo que se supone uno de los focos de la elite intelectual, la Universidad. Es constante también la argumentación que el mundo universitario no puede estar alejado de la realidad económica, productiva, empresarial, de un país. Deben realizarse más convenios universidad-empresas privadas. Hasta aquí quizás poco que alegar. Pero mi preocupación comienza cuando es desde el mundo empresarial donde se establecen  las prioridades en las líneas de investigación en el mundo universitario, el que de forma indirecta o directa estable las asignaturas  a impartir, el que orienta la génesis y función de la Universidad, y por supuesto , soslayando hasta que mueran por inanición facultades por ejemplo de filosofía, ciencias políticas y en general las que tienen como vocación principal la formación de espíritus críticos, con pensamiento propio, incluso capaz de formar individuos con pensamiento divergente al imperante, personas capaces de plantear nuevas alternativas de organización económica, laboral, política, social, etc.

Pero no solo es en la Universidad, en el bachiller ya crecen las voces que abogan por la supresión de filosofía,  e incluso en la escuela primaria y secundaria en nuestro país ya se han introducido, o creo que se estaba sopesando muy seriamente, una asignatura que enseñaría conceptos  elementales sobre gestión económica, bancaria, etc. ¡Impresionante!

Parecería que desde los círculos de poder se busca “la fabricación” de ciudadanos enormemente cualificados profesionalmente y raquíticos  intelectual y moralmente.

Esta plasmación de utilidad traspasa como digo los campos y áreas meramente profesionales, académicas, y llega hasta el núcleo del sujeto. Las relaciones de amistad, de pareja, ya están siendo permeables a este usar mientras me sirves…, todo tiene un tiempo de uso, el otro está para satisfacer mis deseos, mis necesidades, ¡y si no pues fue bonito mientras duro, se acabó el amor, la amistad…!

Por la extensión de esta disertación voy a ir finalizando y realizando una breve síntesis de lo que en mi opinión debe de fomentarse en cuanto a armar moralmente a la sociedad actual.

Empoderar a la ciudadanía de forma activa, para concienciar  que el destino político, laboral y social está en sus manos. Lo que ellos no hagan por sí mismos, otros pocos lo van a hacer para servir a intereses propios bajo las banderas de la xenofobia, racismo, nacionalismo, crecimiento de la económica, competitividad, etc. En este sentido, la tendencia que está tomando Estados Unidos y países europeos como Francia, Hungría y la  propia Gran Bretaña, auguran un retroceso de valores de libertad, fraternidad, tolerancia (coyuntural,  ya que tengo absoluta confianza en que la tendencia de libertad y derechos nacida desde la Revolución Francesa continuará desarrollándose de forma ineludible, como en el pasado ya supero los fascismos de entreguerras, por ejemplo)

Que por parte de círculos intelectuales se haga consciente a la sociedad del riesgo, posiblemente ya realidad, de estar formando una sociedad occidental carente de valores morales que han regido a nuestras comunidades desde hace siglos. Que han costado muchas vidas, sangre, sudor y lágrimas conseguir el derecho a voto igual y libre de todos - hombres y  mujeres- libertad de prensa, de pensamiento, de religión, de ser todos  Señores y no  Vasallos.

El calibre de una sociedad desarrollada no lo da el porcentaje de crecimiento del PIB, el aumento de exportaciones, la mejora de las puntuaciones PISA sobre no sabemos muy bien que destrezas académicas, el conseguir una buena “marca España”.

 El verdadero progreso y calidad de una sociedad lo da el número de individuos capaces de tener capacidad de opinar, tener pensamiento crítico sobre todo lo dado y establecido, discernir y discrepar de forma pacífica, comprendiendo que la verdad en muchas ocasiones es poliédrica… que más allá del respecto, la libertad  y la felicidad del ser humano no hay nada, ni la macroeconomía, ni el enriquecimiento material per se, ni las estadísticas, ni los partidos políticos, ni las razas, ni las naciones…

“Todo para el ser humano, nada fuera del ser humano”

 

 

J.D.

Additional information