La vida es una carrera de fondo donde no se trata de llegar ni el primero ni el último. Es individual y por lo tanto intransferible. Sí que es cierto que si nuestra construcción personal ha sido adecuada podremos dejar buena semilla y seguro que de ella germinarán no sólo buenos recuerdos sino también valores que harán posible que quienes los tomen continúen su propia andadura con mayor facilidad para mejorarlos.    

Siempre hay un camino para reflexionar y comenzar de nuevo

Nunca abandono a mis amigos y menos a mi familia y hermanos.

Nunca olvido el camino recorrido, sería tanto como olvidarse de uno mismo.

Nunca abandono a los que han sido leales en las acciones y los hechos, aunque pensáramos distinto.

Nunca olvido la semilla que compartida hemos de sembrar cada minuto de nuestra vida por si fuera el último.  

Nunca abandono las herramientas de trabajo en el esfuerzo compartido.

Nunca olvido que el desasosiego y la injusticia recaen sobre los más necesitados. Con ellos estaré codo con codo para dar respuesta y solucionarlo.

Nunca abandono pensar que sí, que es posible construir un mundo sobre los cimientos del amor y la fraternidad.

Nunca olvido mirarme en el espejo de mi vida para reconocer que estoy vivo. 

Nunca abandono nada que sea útil en esta vida. Ésta no es un juego de azar, es la única y cada día es volver a comenzar.

Nunca olvido el pasado, sin ello el presente y el futuro no avanzarían.

Nunca abandono soñar para encontrar la felicidad que me acerque a la utopía porque estoy convencido que es la forma de que ésta esté viva.

Nunca olvido que más allá de esta vida todo es desconocido, aun pensando que puedo ser polvo del camino.

Nunca abandono el camino que creo correcto, consciente de que puedo equivocarme.

Nunca olvido que comunicándome con los demás amplío mi capacidad para analizar mi vida.

Nunca abandono mirar de perfil las envidias para que siempre se queden detrás de mi espalda.

Nunca olvido pedir perdón por mis errores cuando estoy equivocado.

Nunca abandono la sonrisa para enfrentarme a los miedos que todos tenemos. Éstos no son más que el temor a enfrentarnos a ellos.

Nunca olvido que por encima de todo el amor da luz a todo lo que hacemos.

Cada día es el más hermoso, con sus luces y sus sombras. Por ello, nadie es ajeno a lo que sucede en cada instante. Igual que el día y la noche, el frio o el calor, son indicativos del funcionamiento de la naturaleza en su conjunto. Estos nos dan la respuesta de que somos parte de ese hilo conductor que nunca se rompe, simplemente se modifica, pero que siempre permanece conectado a esta realidad; la razón y convencimiento de nuestra eternidad.

Jesús Aznar (17-9-2016) 

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