Arena y roca, fundidas en bloques de hormigón, hacen en el ser humano que su tiempo y trabajo se esfumen por una ventana de un metro cuadrado.

 

Trescientos treinta y tres metros de altura 

Gigante de gran altura,

son cientos los ojos que tras ti ocultas.

Minúsculos observadores,

reducidos a pequeñas partículas,

con una mirada común,

buscándose unos a otros para poder comunicarse,

sin darse cuenta de que viven aislados.

Su única visión:

los ojos construidos sobre el cemento.

 

El tiempo también es una ventana donde la luz natural se apaga. Llegada la noche, ni siquiera la luz de la luna te permite ver lo que hay detrás de la otra ventana.

 

Jesús Aznar (16-10-2015)

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