Ser dueños de lo que hacemos y compartirlo es el mejor pago por lo que tenemos. No hay moneda ni papel que pueda superarlo. 

Hay otra moneda de cambio

Vil metal que tanto seduces,

creado para encadenar al hombre,

siempre a una altura difícilmente alcanzable.

Migajas lanzas hacia abajo cuando te conviene,

en papel y metal robado a la naturaleza.

Por ti se talan los bosques,

se abren simas en la tierra

y tuya es la culpa de las partículas de polvo que enrarecen la atmósfera.

También tú eres la causa de los hombres con la mirada perdida.

Seres inertes buscando tu huella para poder tenerte

sobre el duro asfalto o tierra apisonada.

Tú que gestas traiciones y te vendes al mejor postor,

ahora te complementas con dinero virtual que te hace ser incluso más de lo que eres.

Por eso tú solo te mueves en la oscuridad,

con tus tentáculos mueves la ruleta de la vida.

Siempre la paras en el mismo discurso.

Buscar y seguir buscando para consumir y seguir consumiendo.

Sólo te importa nuestro tiempo y paralizar el reloj del pensamiento

y que transcurra nuestra vida sin poder tocarlo.

Pobre de aquel al que uno de sus tentáculos le da la mano.

Engullido se verá en la pasta de papel y líquido de hierro,

convertido en una pieza con pérdida de los sentidos.

Sé que te necesito porque vivo en un mundo real.

Muchos cambios habría que hacer de ti vil metal

para no emplearte como tú quieres.

A ti querido hombre hermano que sigues sembrando

ese pan que alimenta sentimientos aun estando situado abajo.

En la fábrica, oficina, en el campo…

Tú que curas enfermos o el que enseña todo lo que sabe,

el que investiga nuevas tecnologías,

el que conduce por tierra mar o aire,

el que estudia las entrañas de la Tierra y del Universo.

A ti que buscas en los recovecos del pensamiento lo que somos,

a ti que te mueves en recintos limitados investigando como conseguir una vida más sana y feliz,

y a vosotros que estáis en este engranaje que sin nombraros sois tan necesarios como el primero,

manifiesto y digo que este es el camino y no el vil metal del dinero.

Vil metal no me mires con cara escurridiza. Te he descubierto. A mí no me engañas. Nuestra fuerza es el trabajo. Tú sin ésta no eres nada. Este es el camino que nos hará libres.

Jesús Aznar

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