La libertad

La libertad es uno de los bienes más preciado para el ser humano. Por ella se han producido las grandes revoluciones a lo largo de la historia con un alto coste en vidas.
La libertad supone principalmente la condición de no estar sujeto a la voluntad de otros, es decir, permite hacer algo o no sin ninguna coacción exterior siendo él únicamente el responsable de sus actos, por supuesto con el límite del respeto a la libertad de los demás.
El ejercicio de la libertad permite al hombre alcanzar su máxima grandeza, sin embargo su uso inadecuado puede representar también su mayor degradación. Es quizás el don más valioso del ser humano y poder ejercer la libertad se identifica con la realización de la persona: es un derecho al que no podemos ni debemos renunciar. No se puede concebir al ser humano sin ser libre de verdad.
No obstante, y aunque parezca increíble, hay zonas de la tierra donde la palabra “libertad” ni siquiera puede pronunciarse. Pero en el mundo occidental o “primer mundo”, disfrutamos “aparentemente” de máxima libertad.
En el adverbio “aparentemente” está la clave y con esto no quiero decir que no exista realmente libertad, bien al contrario. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce…
La libertad se sitúa en la interioridad de la persona y por tanto está estrechamente relacionada con nuestra intimidad. Si se vulnera una afecta a la otra y viceversa.
El poder siempre ha intentado, intenta, y continuará intentado, restringir la libertad de los ciudadanos porque su ejercicio implica ausencia de control y sin control no existe poder.
La mayoría de la gente sabe lo que es un holograma, algo que parece real pero no lo es. Sin embargo son pocos los que saben o son conscientes, cuando enarbolan la bandera de la libertad que la misma no es más que un holograma. No es que no exista libertad, entendida como en que, más o menos bajo unas reglas sociales y unos cánones que nos permiten la convivencia, sino que el uso que creemos hacer de ella no vas más allá del que los que controlan y manejan la información que nosotros mismos ponemos a su merced quieren que hagamos de ella.
Bien es verdad que esa restricción de libertar se ha ejercido de diferente manera a lo largo del tiempo y en el mundo moderno no se efectúa de manera abierta y clara ni por medio de coacción. Ahora se tiene sumo cuidado con las apariencias pero de manera muy sutil se lleva a cabo un estricto control de todos nosotros por parte de los poderes reales y fácticos que limita nuestros actos más de lo que sospechamos ya que se realiza bajo los paraguas de la seguridad, el bien común, etc.
Según esta afirmación podría tachárseme de “fanático” de la intimidad y un poco “paranoico” en relación con lo “conspiranoico”.  Pues bien, hagamos una breve reflexión. Pensemos en la cantidad de información de que disponen de nosotros en los distintos ámbitos, tanto públicos como privados. Datos de identidad, información financiera, información sobre nuestra salud pasada y futura, información sobre nuestros hábitos, sobre nuestra familia, sobre nuestros bienes, y un largo etc. que no es necesario mencionar ¿Podemos imaginar que puede hacerse con la tecnología actual si todos esos datos se cruzan y realizan perfiles sobre nuestra persona? Pero… ¿Y si desapareciera toda esa información? ¿Desapareceríamos? ¿Sería como si nunca hubiéramos existido? ¿Quedaríamos sin identidad? ¿Podríamos desenvolvernos y vivir en la sociedad actual?
Si queremos profundizar un poco más en esta cuestión pensemos que actualmente es posible saber, a través de nuestros teléfonos móviles, dónde estamos, que lugares frecuentamos, que recorridos hacemos habitualmente, el tiempo que permanecemos en un determinado lugar, con quien nos relacionamos a través de los chats, quienes son nuestros contactos, y lo más sorprendente, es posible controlar nuestras conversaciones; pero no sólo las telefónicas, también las que tengamos en “presencia” de nuestro teléfono. Si alguien piensa que esto es ciencia-ficción o que no se lleva a cabo, puede ser, pero la realidad es que es factible y por tanto la posibilidad está ahí. Muchas veces es difícil resistirse a las tentaciones.
Y la cuestión no queda aquí. Continuemos analizando la “imaginaria” situación. Todas las comunicaciones que realizamos  mediante cuentas de correo electrónico gratuito (como mejor ejemplo tenemos gmail) pueden ser analizadas y lo que es peor, todas se conservan permanentemente en servidores donde pueden ser posteriormente escudriñadas y desmenuzadas. Y ahí quedan para la posteridad, para cualquier uso que se quiera hacer de ellas. Toda nuestra navegación por Internet, sobre todos las búsquedas a través del “Gran Hermano” Google, son registradas y analizadas y dejan huella para posteriores visitas en las que poder dirigir nuestra voluntad a raíz de los perfiles que previamente han realizado sobre nosotros. Pero hay más. Con la irrupción de las redes sociales en nuestras vidas, somos nosotros mismos los que nos desnudamos ante el mundo, facilitando información que, sorprendentemente, no haríamos en nuestras relaciones personales. En ellas vamos publicando nuestras preferencias, nuestra vida día a día e incluso nuestros sentimientos más íntimos. Toda esta información es analizada y somos objeto de la realización de perfiles con una exactitud que nos sorprendería. No tenemos más que observar la publicidad que nos dirigen cuando navegamos o accedemos a nuestro perfil de las redes sociales; realmente es sorprendente como aciertan con nuestras preferencias.
Recientemente salía a la luz, a través de un reconocido medio de comunicación estadounidense, la oferta millonaria del gobierno de ese país a Facebook para comprar su base de datos. Y asombrosa fue la influencia de las redes sociales en los votantes en la campaña electoral de Obama; asombrosa y realmente decisiva. Por otra parte de todos es sabida la lucha legal en Europa de Google y las grandes corporaciones tecnológicas americanas por el control de la información frente al recientemente denominado derecho al olvido en Internet. Todo ello nos puede dar una idea de la importancia de la información que ahí facilitamos o que ellos obtienen mediante nuestra huella electrónica.
Y como colofón del afán de control del poder existe una iniciativa a nivel mundial, nacida y ya puesta en marcha en fase experimental con voluntarios en EEUU, para el implante de microchips en el cuerpo humano con nuestra información y sistemas de geolocalización. Eso sí, por nuestra seguridad y para mejorar nuestras vidas. Un claro holograma.
Si de forma masiva, pero individualizando los resultados, pueden controlar nuestra existencia, dirigir nuestra voluntad, manipular y dirigir nuestras vidas, orientar nuestros deseos, y hasta casi decidir por nosotros mismos sin que seamos conscientes de ello; realmente ¿dónde queda el ejercicio de nuestra libertad.
Debemos ser conscientes de los medios de control hoy existentes y ejercer los derechos que tenemos reconocidos. Aunque no lo creamos aún tenemos que continuar luchando por la libertad y esta lucha en el mundo moderno pasa por la formación y el conocimiento, si desconocemos el terreno en el que se desarrolla la batalla habremos perdido la guerra.

E.C.S.

04/07/2014

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